Visión sobre China
El acelerado desarrollo de China es hoy uno de los grandes temas de discusión académica, política, económica, social y cultural a nivel mundial.
En un mundo globalizado y cada vez más integrado, no cabe duda de que, hasta ahora, hemos sido testigos de lo que es apenas una pequeña parte de lo mucho que aún está por venir. Y es que China será sin duda un país que continuará expandiendo su economía y su comercio internacional; con una importante transición hacia la urbanización y mayores niveles de ingreso. Por lo mismo, soy un convencido de que esta nación, lejos de representar una amenaza, es y continuará siendo un importante promotor de la economía de distintos países del orbe.
Sin embargo, en China concibo también a un país que, precisamente por su crecimiento acelerado, estará enfrentando severos desafíos, entre ellos el deterioro de su medio ambiente, la explotación expansiva de sus recursos naturales y un crecimiento urbano posiblemente desbordado. Es cierto que sus obras de infraestructura civil son impresionantes, pero existe el riesgo latente de que sean superadas por su también impresionante transformación socioeconómica.
A nivel global, en tanto siga conquistando mayores espacios, la presencia de China llevará a varias naciones a solicitar una revisión profunda de la actual estructura institucional del comercio internacional, así como de la utilidad de instrumentos de promoción y fomento de los gobiernos, como los subsidios o a sectores estratégicos o las protecciones a las importaciones.
La globalización, como su nombre lo indica, ha profundizado la interdependencia entre las regiones y países, creando escenarios inéditos. Habrá irremediablemente ganadores y perdedores.
En este marco, destaca la experiencia china, que no obstante sus problemas, ha sido uno de los más exitosos de la historia moderna.
Nos llama la atención lo que están haciendo países como India, con un importante crecimiento económico sustentado en la educación y la innovación tecnológica. Al mismo tiempo, parece evidente que en la próxima década se profundizará la integración de las zonas económicas principales: la Cuenca Asiática del Pacífico, la Europa comunitaria y América del Norte.
México, afortunadamente, pertenece por geografía y acuerdos institucionales a los tres bloques, y es imperativo aprovechar esas ventajas comparativas. Nuestro país está llamado a ser uno de los líderes en la próxima década. Ese es el reto principal de ésta y la próxima generación de mexicanos.
También formamos parte de Sudamérica, que no obstante algunos problemas políticos, se está desarrollando en algunos sectores de punta. Lo prioritario, en este marco, es que los líderes de la región asuman plenamente que la productividad, competitividad e innovación son requisitos para participar en igualdad de condiciones en la globalización.
Estoy convencido: en el Estado de México que debemos tomar las acciones necesarias para que China se nos presente como una oportunidad de aliado más que de rival.
En este sentido, si se considera que su población está incrementando su PIB per cápita, esto quiere decir que además de vender al mundo, será capaz de impulsar un mercado de mil 300 millones de clientes potenciales con un elevado nivel adquisitivo, lo cual la convertirá en uno de los mercados de consumo más grandes del mundo.
Lo que debemos hacer como región, es buscar alianzas públicas y privadas con China, que permitan la conversión en proyectos potenciales para proveer de recursos materiales, energéticos y valor agregado a nuestros países.
Al menos en el caso de México, existe plena coincidencia de que es imprescindible fomentar una más eficiente participación en los procesos globales a partir de una actitud más proactiva. Y la clave, la tenemos presente, es partir de una mejor educación, de una infraestructura moderna y de seguridad para los individuos y sus inversiones.
De igual modo, China es un país que tiene la capacidad de producir y vender a los cinco continentes. Esta producción está sustentada en el conocimiento de los mercados regionales y en estrategias de vinculación entre sus sectores educativo y productivo, que incluye la innovación y el desarrollo de productos que demanda el mundo a precios más competitivos.
Es una experiencia ejemplar que, de seguir el curso actual, convertirá a China en la segunda potencia económica mundial en la próxima década.
Es previsible, en consecuencia, que el papel de China se fortalezca no sólo en el ámbito económico y comercial, sino en un mayor protagonismo en la esfera política, en la agenda ambiental y en los asuntos de seguridad globales.
Por ello, debo insistir que una de las mayores responsabilidades de la comunidad internacional es emprender una profunda revisión de los actuales esquemas de cooperación.
Finalmente, China será un país que, según estimaciones estadísticas, en 20 años habrá de convertirse en el mayor productor económico del mundo, sobrepasando incluso a los Estados Unidos.
Al mismo tiempo, Estados Unidos continuará ejerciendo su influencia en lo político y cultural a nivel mundial, por lo que es previsible un equilibrio de poder entre ambos países.
Lo relevante, en este caso, es saber si los líderes chinos están dispuestos a asumir las responsabilidades y compromisos que implicará su mayor influencia política a nivel global; es decir, a asumirse como una auténtica potencia mundial, ocupada en preservar la paz y en apoyar el desarrollo de las naciones rezagadas.
Ese es el gran reto que tienen las próximas generaciones de líderes chinos y juzgando por sus resultados domésticos, es muy probable que lo enfrenten con éxito.
Gobernador del Estado de México
Joven Líder Global del Foro Económico Mundial.